MARIA TERESA DE AUSTRIA, HIJA DE FELIPE IV Y ESPOSA DE LUIS XIV DE FRANCIA

MARIA TERESA DE AUSTRIA, HIJA DE FELIPE IV Y ESPOSA DE LUIS XIV DE FRANCIA

-5%
22,80 €
21,66 €
IVA incluido
Disponible
Editorial:
LIBER FACTORY (GRUPO VISIÓN NET)
Año de edición:
Materia
Biografía
ISBN:
978-84-9821-426-0
Páginas:
240
Encuadernación:
Rústica
Dimensiones:
150x210 mm
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Tras el matrimonio real, la orden de partida ha sido dada, siguiendo la iniciativa de los reyes, se viajará a través de Francia, hacia el norte, con destino a París. Las gentes que componen el cortejo acogen con alegría esta decisión, han abandonado su hogares desde hace ya meses y sólo ambicionan el volver a ellos, sean humildes casas, sean lujosos palacios. Saben que el viaje será largo y lleno de dificultades, pero tienen la esperanza de que sea más rápido que el anterior de ida a la frontera. Se ha dicho que se andará todo el día, sin paradas inútiles, sin fiestas ni celebraciones, sólo las necesarias para recuperar las fuerzas, arreglar los carros y carrozas, y cambiar los caballos cuando fuere necesario. Las estancias en los pueblos por donde deben pasar serán breves ya que en la mayoría de los casos, los albergues serán humildes y las casas de huéspedes escasas. María Teresa conoce todas las circunstancias que le esperan, por ello ha pedido a Luis que la acompañe siempre , que no se separe de su lado, a lo que su esposo le ha respondido: . - No nos separaremos, he ordenado a mi mariscal encargado de nuestro alojamiento que en ninguna ocasión nos separe, tendremos el mismo dormitorio por muy pequeño que sea . En la tarde del día 21 de agosto, llegan a un pueblecito, Capcieux, cerca de Bazas. Cenan y se retiran a sus aposentos . Ya dormidos se despiertan sobresaltados, han sentido como su cama se ha movido, y se ha desplazado, se han oído ruidos sospechosos, los dos lo señalan... no han soñado. Se oyen ruidos de piedras, gritos en todas direcciones, y por encima de todo, las campanas tocan sin cesar. El centinela que se halla delante de su puerta , ignorando la causa de tanto ruido, grita alarmado: - A las armas! El rey se levanta , se dirige hacia la puerta en donde su primer lacayo, Alexandre Bontemps, le tranquiliza diciéndole que ha sido un pequeño terremoto, que no tema pues ya ha cesado, le han dicho que sucede con relativa frecuencia en la región .

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